“Ser coherente con la verdad siempre tiene su costo”

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En el momento de opinar nunca pienso en lo que opiné antes. Mi meta no es ser coherente con mis afirmaciones previas sobre un tema dado, sino coherente con la verdad, como se me presenta en un determinado momento. El resultado es que he avanzado de verdad en verdad, que he preservado a la memoria de someterla a un esfuerzo indebido, y lo que es más, siempre que me vi obligado a comparar una opinión mía con otra de 50 años antes, no descubrí ninguna incoherencia entre las dos. Sin embargo, los amigos que observen alguna contradicción, harán bien tomar el sentido que se desprende de mi última opinión, a menos por supuesto que prefieran el antiguo. Pero antes de elegir es conveniente que traten de ver si no hay una coherencia subyacente entre dos incoherencias aparentes.

Contradicciones- Ghandi.

En la Argentina y aún más en el mercado textil, partimos  de una base muy difícil. En el pasado, teníamos extrañas estadísticas de precios e importaciones que no coincidían con lo que veíamos en la calle. Por ejemplo, en el rubro medias venían del exterior el 35 % de los artículos, y en algunos centros mayoristas y ferias de indumentaria llegamos a tener hasta más de la mitad de  ropa extranjera en un mercado supuestamente cerrado al mundo. Hasta gente buena vimos haciendo cosas malas…

A nuestras fábricas les tocó competir contra artículos y prendas  que se compraban en oulets de China para después venderlos en  ferias y mantas a menor precio que lo que cuesta la confección en un taller en Chacabuco (zona con una larga  experiencia textil).

Ahora,  el nuevo desafío es cómo damos la bienvenida a los hijos pródigos de ese sector marginal, después de tanto descalabro, para que puedan ingresar en el mercado formal. Es cierto que no pretendemos ser Suiza, ni tener menos pobres que Alemania, pero mínimamente sí defender nuestro mercado.

Cuando la economía levante vuelo nuevamente, va ser complicado cumplir con la demanda, sobre todo con la gran escasez  de talleres formales, ordenados, sanos, que no vendan “la segunda” a las ferias, arriesgando y perjudicando  a las marcas que tanto invierten para mejorar y seguir expandiéndose.

Hoy en día, todavía sigue entrando mercadería ilegal de manera terrestre a nuestro país, aunque el gran trabajo de la nueva dirigencia de la aduana va logrando un éxito inesperado y sorprendente para muchos (tema que complica mucho a quienes crecieron en la marginalidad y el acomodo, y ahora pretenden dar cátedra hablando y señalando a  colegas cuando ellos fueron aún peores).  

Otro de los grandes temas es la relación de nuestros precios con los del resto del mundo. Estamos caros frente al resto de los países especialmente en  algunos rubros pero en otros, como ropa interior y medias, ofrecemos  una muy  buena relación precio – calidad.

Tendremos que trabajar mucho para revertir la situación, para ver cómo nos hacemos más competitivos, cómo intervenimos en esa cadena de valor que multiplica los precios finales, no sólo por la incidencia de costos por logística sino también por impuestos distorsivos, costos fijos, tiempos inoperantes por burocracia ,costos laborales y también por los sobreprecios, que no se corrigen ni siquiera con los descuentos del 40 % y 50 % que ofrecen por ejemplo las  tarjetas de bancos que parecen ridiculizar el manejo de las listas de precio y permiten que nuestro sector sea señalado  como el nuevo cuco.

Tendremos que INNOVAR: comprarán nuestros productos porque estamos protegidos pero más porque somos confiables, porque nuestros precios estarán acordes a la mejor calidad que ofreceremos, y porque cumpliremos con nuestra palabra. De lo contrario, perderemos la confianza y ni nuestros hijos comprarán lo que con amor fabricamos.  

Tengo presión pero también  esperanza.

 

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