Tatiana Kuchikian

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“Yo fui encontrando mi lugar, me inventé el puesto”

Por Ernesto del Burgo

Hace más de treinta años, recuerdo a mi padre, Marcelo del Burgo, hablar con Carlos Kuchikian sobre la posibilidad de que sus hijos tuviesen su propia fábrica en un futuro. Ese sueño, años después, se convertiría en Cocot, una empresa con casi mil empleados, consolidada en el mercado argentino gracias a su amplio muestrario de gran venta.

La nieta de ese soñador, Tatiana Kuchikian, accede amablemente a una charla con Punto&Seguido. Con apenas 29 años, habla con confianza y desenvoltura. Haciéndose cargo de un enérgico legado, podemos escuchar en sus palabras el reconocimiento de una trayectoria empresarial familiar que ha dejado huella en la industria textil argentina. En conversación con Ernesto del Burgo, esta joven talentosa nos cuenta su recorrido profesional y la labor que desarrolla en la actualidad en la empresa Cocot.

EdB-¿Cómo fueron tus primeros pasos en Cocot?

TK-Estudié Diseño de Indumentaria en la Universidad de Palermo. Al mismo tiempo, empecé a trabajar algunas horas en el área de Diseño de Producto de la fábrica. Al año me di cuenta que estaba estudiando algo para hacer cosas que ya estaba haciendo. Entonces, me decidí por la carrera de Producción de Moda. Cuando la terminé, seguí trabajando en la fábrica pero aún sin estar tan involucrada. Después de un tiempo, dejé de ir a la empresa y decidí estudiar joyería. Comencé a asesorarme y descubrí un taller que me interesó mucho en New York. Tomé la decisión de irme a estudiar allá. Me encantó. En el 2015, volví a Buenos Aires y armé mi taller acá. Fue realmente difícil porque podés contar con todas las máquinas pero necesitás alguien que te entregue los materiales adecuados en tiempo y forma. Pasa lo mismo en el rubro textil, si no tenés el proveedor que te entregue el hilo, no hay máquina ni fábrica que te permita producir. De esta manera, desistí de mi proyecto y volví a la fábrica.

Edb- Cuando volviste a la empresa, ¿qué rol te asignaron?

TK- Nunca me dieron un rol específico en ella. No me dijeron “vas a ser ayudante de o te vas a encargar de esto”. Al principio, para mí, fue muy difícil no tener un rol asignado.

EdB-¿Hubieses preferido que te dieran tareas específicas?

TK- Después de tres años, te diría que no. Yo fui encontrando mi lugar, no ocupé el cargo de nadie que ya estuviese trabajando en la fábrica. Me inventé el puesto. No solamente me lo inventé sino que hoy muchos empleados acuden a mí como si yo fuese su jefa, cuando en realidad ese rol nunca me lo dieron ni me dijeron que lo tenía

P&S- ¿Cuál es ese lugar que te creaste en la fábrica? ¿Qué tareas realizás?

TK-Tengo muchas. Trabajo en la oficina de producto donde se diseñan las colecciones, también en la oficina de publicidad donde se decide cómo va a ser una campaña, cómo se van a armar las vidrieras, la decoración de los locales, y otras labores. Además, trabajo en la oficina de diseño gráfico. Estoy, digamos, en tres departamentos distintos a la vez. En realidad, no tengo oficina (ríe). Parece que este año voy a tenerla. Yo no quería pero me insistieron. Ocupé tareas que antes hacían otros, como ir a las producciones de fotos. Me hice cargo de la coordinación general de las sesiones. Ahora empecemos a sistematizar todo y a optimizar el tiempo. De hecho, tengo mi libro, al cual llamamos la Biblia, en donde dibujo y proyecto el futuro catálogo.

EdB-Una de las fortalezas de la fábrica fue siempre tener un grupo de gente estable. ¿Está bueno eso para trabajar?

TK- De cierta forma sí pero también hay muchas cosas que fueron creciendo. Por ejemplo, el diseño de producto. El equipo a cargo de esta tarea estuvo en constante cambio. Hace diez años se empezó a armar un equipo nuevo. Recién ahora considero que tenemos un equipo que está funcionando al 100 por ciento, estoy muy contenta. Estamos renovando los diseños, son más lindos y están gustando muchísimo más, recibimos una respuesta muy satisfactoria por parte de los clientes. Las diseñadoras recurren a mí cuando hay que solucionar una situación particular, antes recurrían a mi papá. Eso también fue un aprendizaje: qué cosas preguntar, qué cosas no. La idea es descomprimir los problemas.

EdB-Sabemos que te involucraste también en el tema de los locales.

TK- Sí, lo hice en lo que respecta especialmente a la imagen. Hace dos años, me di cuenta que entrabas a un local y tenían un canasto del siglo pasado, al lado otro del anterior…como si fuese un almacén. Me pareció que era necesario cambiar, transformar aquello no tan agradable a la vista en algo hermoso. ¿Qué necesidad hay que eso sea así? Es una pregunta simple pero hace estallar un montón de ideas para cambiar eso que no nos gusta. Entonces, diseñamos con el equipo un empapelado rayado blanco y negro; inmediatamente el público lo relacionó con nuestra identidad y nuestros productos. En todas las paredes de alto tránsito, pusimos ese rayado. Para los contenedores, diseñé el “kit negro” que contiene un paragüero, un lapicero, un contenedor para alarmas, un contenedor para cada cosa. A partir de estas propuestas, hicimos la renovación completa de locales y franquicias.

EdB-¿Qué futuro imaginás para Cocot?

TK- Hay una infinidad de variables que pueden afectar la planificación de una empresa en la Argentina. Es difícil imaginar el futuro. Pero lo que me gustaría es ampliar Cocot, expandir nuestra marca con una línea urbana. Tener muchas líneas y que esas líneas se vendan en locales bien diferenciados por segmentos de productos.

EdB- ¿En diez años te ves ocupando el rol de tu papá en la fábrica?

TK-No porque yo quiero tener una familia. No me imagino yéndome de mi casa a las ocho de la mañana y volviendo a las diez de la noche. El rol que él desempeña no puede ser ocupado si no dedicás todo tu tiempo. Manteniendo el rol de hoy, podría hacerlo. Mi papá siempre fue un papá muy presente, es sinónimo de éxito personal y empresarial para mí.

EdB- Se nota tu pasión por lo que estás haciendo en la fábrica.

TK- La verdad que sí. No siento el trabajo como algo rutinario.

EdB- Por lo que contás, vas creando tu propio trabajo.

TK-(Ríe) Lo inventé.

La visita de Tatiana nos deja optimistas con respecto al futuro de la industria textil argentina. Su entusiasmo es lo que buscamos para lograr el cambio de mentalidad que el país necesita.

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