Luciano Galfione

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Galfione y Cía cumple 70 años en la industria textil de nuestro país. En este reportaje, Luciano Galfione, director de la empresa, asume una posición crítica en lo que respecta al mercado argentino, haciendo explícitas sus ideas, lúcidas y punzantes, para mejorar y poner en valor el trabajo de toda una vida.

PI-¿En qué nuevos desarrollos están trabajando actualmente?

LG-Nuestra empresa se dedica a la fabricación de hilados sintéticos, mayormente de nylon y poliéster. Hacemos hilados retorcidos, forrados con LYCRA®, teñidos, texturizados y fantasías. En el último tiempo estamos ofreciendo hilados de fantasía para el sector de sweaters y para capelladas de zapatillas deportivas. Estos últimos desarrollos les han permitido a nuestros clientes fabricar productos diferenciados y exclusivos de alto valor agregado.

PI-En estos últimos años, ¿qué cambios perciben? ¿En qué puntos se concentran las demandas de sus clientes?

LG-A lo largo de los años y más especialmente en el último tiempo donde ha entrado tanto producto terminado importado, vemos que los desarrollos a medida y las exclusividades son las que más funcionan. Nuestra empresa se caracteriza por eso, no sólo brindar un producto sino también un servicio, conformando así una solución integral para nuestros clientes.

PI- Fabricantes argentinos nos contaban que competidores de Galfione alguna vez insinuaron que si les compraban a ustedes le cortarían el crédito en otras firmas. ¿Qué opinión te merece esta situación?

LG-Creo que corresponde a prácticas arcaicas que ya no tienen cabida en un mundo globalizado, donde el acceso a los bienes y servicios está al alcance de la mano.

PI- ¿La competencia es sana en la Argentina?

LG- Depende, en algunos casos no. Creo en la competencia en igualdad de condiciones. Eso es sano y te obliga a mejorar continuamente. Cuando estas condiciones no se dan, por ciertos privilegios fiscales exclusivos a los cuales no podemos acceder todos, la competencia se vuelve desleal. Lo mismo ocurre cuando debemos competir con países donde el dumping social es moneda corriente. Contra eso no debemos competir si queremos un país mejor para nuestros hijos, pero  necesitamos un estado que regule estas asimetrías.

PI-¿Qué expectativas tenés para el futuro de tu empresa en particular? ¿Y para la industria textil en general?

LG- Nuestra empresa que este año cumple 70 años, ha ido sorteando los vaivenes de la economía argentina y sistemáticamente nos hemos reinventado a costa de nuestro know how e inversiones permanentes en tecnología de última generación. Creemos que la industria está pasando por un momento muy complicado, con baja de demanda producto de la pérdida de poder adquisitivo de la población y aumento de importaciones de producto terminado, lo que afecta directamente al productor industrial. Argentina tiene un problema estructural tremendo que afecta a toda la industria y no al textil en particular. Nuestras empresas son clase mundial, o por lo menos la nuestra lo es, con índices de productividad competitivos a nivel mundial, pero cuando nuestros productos cruzan el portón de nuestras fábricas se encuentran con una Argentina demoledora, una carga impositiva asfixiante, servicios de pésima calidad y carísimos, transportes no competitivos, costos laborales no salariales de los más altos del planeta. En fin, un cúmulo de costos que no dependen de nosotros y nos dejan fuera del mundo.

PI- ¿Te imaginas en algún cargo político en el futuro, además de tu carrera como empresario?

LG- Creo que uno debe estar donde mejor puede aportar. Yo soy empresario y textil. De esto sé. En nuestro país hace falta gente comprometida en todos los ámbitos, políticos, gremiales empresarias, sindicatos, así que creo que el lugar que ocupo en la Fundación Protejer, con mucho esfuerzo por cierto, es donde más puedo ser útil.

PI- ¿Cuáles son los consejos que le darías  a las nuevas generaciones?

LG- Yo soy de los que piensan que las cosas no pasan porque sí, ni tenemos “el país que merecemos”, las cosas hay que hacerlas pasar. Para eso se necesita no sólo hacer bien lo que te toca hacer, hace falta formarse, capacitarse, relacionarse, participar y sobre todo comprometerse. Durante muchos años en nuestro país el problema siempre fue el otro, la culpa siempre la tuvo el otro. Constantemente me hago la misma pregunta ante esas afirmaciones: ¿y vos qué hiciste para cambiar eso? Bueno, las nuevas generaciones tenemos ese desafío.

PI- Nuestra revista es una publicación de libre pensamiento.  ¿Qué te gustaría decir para que todos lo leyeran?

LG- Nuestra industria es extraordinaria, aporta no sólo mucha mano de obra, aporta tecnología, innovación, diseño. Tenemos que entender que para ser una industria reconocida y fuerte, debemos conservar toda la cadena de producción nacional activa, desde las fibras e hilados, pasando por telas y tintorerías hasta el corte, la confección, el diseño y las marcas. De nada sirve el sálvese quien pueda, porque eso dura un ratito y esto es historia ya comprobada. En la medida que nos unamos, tendremos más fuerzas para defender nuestros intereses, los de nuestra gente, los de nuestros abuelos y padres y seguramente también los de nuestros hijos. Ese es mi deseo para todos aquellos que amamos lo que hacemos.

MISIÓN ITALIA

La ACIMIT (Asociación de fabricantes de máquinas italianas) invitó  a empresarios de nuestro país a visitar fábricas italianas donde se producen las máquinas que  las empresas argentinas consumen. En esta misión comercial, los empresarios que participaron también pudieron conocer empresas proveedoras. Luciano Galfione fue uno de los privilegiados de poder compartir este viaje.

PI-¿Qué cosas observaste que te llamaron la atención?

LG- Lo que más llama la atención es que la mayoría de las empresas son Pymes, tienen estructuras semejantes a las nuestras, con 30, 40 o 50 empleados. Son rentables, crecen y compiten a nivel mundial.

PI-¿Cuáles crees que son sus potencialidades? ¿Estamos lejos de ellas?

LG- En primer lugar nosotros no fabricamos bienes de capital. Luego puedo decir que su principal potencialidad es que ellos están en el centro del mundo, con grandes mercados muy cerca, están también cerca de proveedores que nutren sus empresas. Eso facilita mucho las cosas.

PI-¿Qué fue lo que más te sorprendió de lo hecho en el país europeo?

LG- Lo más sorprendente es su forma de trabajar. Todo lo hacen bajo pedido, tienen un costo de capital casi nulo, con lo cual producen con crédito, con un capital de trabajo bajísimo, con certezas de precios, reglas constantes, con márgenes bajos pero constantes que permiten apostar al largo plazo. Su preocupación no está en ver si pagan la próxima quincena; ellos se preocupan por estar a la vanguardia, por innovar permanentemente. En definitiva, se concentran en hacer bien lo que saben hacer.

 

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