La batalla contra los estereotipos

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Por Merlina Chocarro

Llevo más de 10 años trabajando para diferentes marcas del rubro. Soy diseñadora gráfica egresada de la UBA, prestigiosa universidad pública y gratuita de nuestro país. Me dedico a producir catálogos, pero últimamente me especialicé en el retoque digital de fotos.

En este tiempo pude presenciar y apoyar el lento cambio del estereotipo femenino que se reproduce como modelo para prendas de lencería y demás productos afines.

Recuerdo cuando empecé a trabajar que estaba de moda borrar prácticamente toda la textura de la piel de las modelos, las axilas pasaban a tener el mismo color que el resto del cuerpo y no había pliegues en ninguna parte, las narices apenas se adivinaban en el rostro, era todo tan artificial que en muchos casos costaba adivinar luego del retoque qué modelo era la de la foto.

Si bien estamos a mucha distancia de aquel estereotipo de mujer, aún discuto con algunos clientes que pretenden, por ejemplo, seguir borrando partes del cuerpo femenino o afinando cinturas y abductores, moldeando con postproducción aquello que no fue moldeado con cirugía para entrar en el standard de belleza impuesto.

Es muy fuerte recibir indicaciones del tipo “borrar defecto en entrepierna” cuando lo que llaman defecto no es ni más ni menos que una nalga que asoma en una pose de medio perfil y piernas abiertas, es lo que lógicamente se verá en esa pose si sos humana.

Sin embargo, es notorio el cambio que se dio en los últimos 10 años. Las modelos ya no se operan las lolas para conseguir trabajo, tampoco son esqueléticas, y recientemente en nuestro país se han incorporado las modelos plus size que por fin lucen los talles grandes que tan irreales se veían puestos en una chica talle 1, porque aunque crean que el modelo aspiracional funciona, tiene sus límites en la lógica.

Este cambio es cultural, las mujeres argentinas hemos forjado nuestra identidad, reconocemos nuestros valores más allá de la estética, o mejor dicho, de la imposición estética que se importa de las pasarelas europeas. Nuestra autoestima se afianzó, a escala mundial estamos reivindicando nuestro rol y nos encontramos luchando por la igualdad de género. Con este empoderamiento femenino, hemos exigido a las marcas que se adapten a nosotras, y no al revés. No soy idealista y tengo claro que el “Dios Mercado” nos escucha porque si no no hay ganancias. Creer que no hay algún interés por fuera de ello sería ingenuo, pero celebro que desde nuestras acciones vayamos conquistando lo que ninguna ley (ni de talles, ni antidiscriminatorias) pudo lograr por sí sola.

Las marcas se hacen eco de la tendencia: verse bien es estar sana y en paz. Y aunque desde los medios hegemónicos se intente reforzar lo contrario (nos siguen dosificando con “las mejores colas del verano”, o nos muestran madres espléndidas, flacas y producidas con su neonato en brazos, por citar algunos ejemplos) seguiremos la batalla para decidir nosotras sobre nuestra imagen.

De todos los talles y colores, las mujeres somos modelos. Como retocadora y diseñadora de catálogos intento desde la mismísima trinchera dar batalla a los estereotipos. Existen cada vez más marcas que entendieron que no tenemos ganas de entrar todas en la botella de Coca Cola, esas marcas tienen mucho futuro.

 

De todos los talles y colores, las mujeres somos modelos.

 

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